Mi vida desde la bioenergética

Con todos mis miedos y resistencias me entregué a vivir una experiencia que desde el inicio no pretendía forma alguna. Una propuesta de camino y trabajo personal basada en la apertura del corazón y desde el sentir profundo. Un camino que intuía pero desconocía hasta el momento. O que tal vez, lo había olvidado en un cajón con los primeros recuerdos de mi infancia.
Cada práctica, cada espacio dedicado al encuentro y a los diferentes juegos y dinámicas que integraban movimientos libres y desordenados, danzas o conversaciones, comenzaron a formar parte de un proceso personal, sutil e intenso.
Poco a poco mi cuerpo se fue entregando a fuerzas ocultas en mi actual sentir del momento. Fui dejándome explorar rincones invisibles, malestares muy evidentes, emociones de las más variadas. Desde la tristeza profunda, al enojo rabioso, a un juicio devorador y limitante. A llantos, gritos, temblores, vibraciones y mucho ruido de pensamientos y palabras neuróticas… a suspiros, silencios, quietud. A la escucha del otro, de los otros, del grupo. De lo que está fuera y nos espera a cada final de sesión.
Es un viaje intenso. Donde estás solo, y no lo estás. Donde estás acompañado, y solo a la vez.
Es un hacer constante en la observación y el no hacer.
Es la pausa que deviene en movimiento. Es la fuerza que sostiene la quietud.
Es y son muchas cosas a la vez. Todo un sistema complejo de juicios, de apertura, de soltar, de contener, de soltar.
Es curioso a la vez ir descubriendo esa calma que acoge y abraza a una mente controladora por su tradición. La paz que reina en los cielos- como frase bíblica que se manifiesta desde la simpleza de estar. Solo estar. Empezar a habitar un estado de esa paz, también desconocida aunque ansiada.
Una nueva forma de energía vibrante que se sostiene por sí misma y que permite que se despliegue todo el proceso que cada uno debe realizar.
Desde lo individual a lo grupal y a lo transpersonal. Honrar la vida a través del otro. Ese otro con las mismas taras y vacíos de no ser. De no estar. Honrar con respeto y admiración el valor y la entrega a un camino, que solo desde el corazón, se puede transitar.

[Ileana]
octubre de 2014
testimonio

004ile

Todavía no hay comentarios

Deja un comentario